Mapa Cuarto
Nueva temporada de Mochila de juego oficialmente en estado: se viene
Con la vida dando vueltas de campana, he tenido que ir a Youtube para comprobar que no me equivocaba y que, efectivamente, la que tenemos por delante es la cuarta temporada de Mochila de juego. Hace un par de meses ya, de hecho, que trazamos el mapa que abre este anuncio, y si no recuerdo mal (extrema posibilidad), fue justo después de grabar el último programa de un plan que se nos alargó como siempre se nos alarga todo entre las manos que Mariela, Tomás y yo, pusimos un puñadito de posibilidades sobre la mesa, aún con la cabeza llena de lo de Jeff Minter, y repetimos la jugada. Tres temas y tres corpus; tres intuiciones y tres nombres; tres incursiones y tres excursiones. Sin saber (nunca lo sabemos) por dónde nos llevarán cada uno de estos caminitos que dibujamos al estilo de nuestro siempre venerado (Tomás, tú no) Kentucky Route Zero, solo con todas las ganas del mundo de recorrerlos, jugarlos y, sobre todo, seguir juntándonos para contárnoslo. Seis nuevos tótems por los que pararnos a medida que (nos) vuelve a pasar el tiempo, en torno a los que dejar un pequeñito rastro, pruebas de que seguimos aquí, con ganas de escucharnos y, si hay suerte, de que alguien venga, se una, y nos escuche. O todavía mejor, que venga, se siente a nuestro lado, y hable para que nosotras, durante un rato, seamos las que escuchamos.
Y es que aquí, antes de volver a empezar, también toca anunciar que entre todas esas cosas que se vienen hay unos cuantos cambios. Uno, extremadamente importante, es que vamos a des-hacernos a nosotras mismas, al menos en la medida en que nos es posible tras llenar la mochila con una pila de programas que tal vez hacia afuera parezcan pocos, pero que para nosotras han supuesto casi cinco años de trabajo. Lo que hacemos ahora es muy diferente de lo que hicimos al inicio, claro, y no voy a negar que hay algo de trampa en la efeméride porque Mochila de juego empezó cuando, lleno de inspiración por las selecciones y los diarios que Tomás ya llevaba tiempo publicando en su blog, decidí sentarme a —y aquí voy a ser todo lo franco que puedo, hacer exactamente eso mismo, es decir, en otras palabras— copiarlo1. Una cosa llevó a la otra, nos creció un podcast, dejamos un reguero de notas, Mariela se sumó al proyecto para darle un auténtico sentido y un poco sin querer nos empezaron a salir patrones y manierismos. Por un lado, inevitables: coleccionar qués tiene esa cosa de que acaban conformando un cómo, y ahí una encuentra seguridad y solidez, pero también algo de jaula, de rigidez, de lo contrario a lo que sea que caracteriza las cosas cuando están empezando y todavía son nada (que no es lo mismo, recordemos, que no-ser-nada, cosa muy, totalmente distinta). Por otro lado, corregibles, al menos hasta cierto punto, o en la misma medida en la que un barco puede corregir su rumbo en medio de una tempestad, esa que nos arrastra todos los días y que, aunque me repita y suene a parafernalia, tiene un nombre muy claro y reconocible: la vida. Resumiendo, que se me alarga esto y el párrafo empezó con intención de anunciar cambios, el primero aquello de desandarnos: vamos a volver a tener charlas como las de antes, aquellas que apenas tenían directriz, que ocurrían casi por sí mismas, solas. Programas que van a tener el anti-protocolo de poner cada una juego sobre la mesa, irnos un rato a jugarlos y, cuando los hayamos procesado, contarnos qué nos han parecido. Recuperar una mayor de la Mochila que nos había diluido entre tanto Gran Tema y Voz Importante: oírnos jugar, invitar a las otras a nuestros rinconcitos, encontrar huecos en lo que las otras andan rondando.
Estos programas, claro, no están en el mapa de arriba, mayormente porque no tendría sentido cartografiar el deseo por la espontaneidad, la inmediatez, la informalidad, o como quiera que podamos llamar a este deseo de liberarnos, aunque sea de tanto en tanto, de la necesidad de tenerlo todo controlado para que las cosas puedan ocurrir entre las grietas de lo cotidiano. Digamos, sin más, que serán cosas que ocurran; cuándo, cómo y en qué medida no diré que ya veremos, sino que ya iremos viendo. Lo que sí puedo adelantar es que la cuarta temporada como tal arrancará por ahí, porque ya nos hemos propuesto juegos, ya estamos jugándolos, ya empieza a haber ganas de volver a reunirnos. Y cómo la coyuntura es magnífica para ello, ahí mismo vive el otro de los grandes cambios que se vienen: queremos que venga gente para mochilear a su lado. Esto tiene sus dificultades de gestión, no podrá ocurrir en todos los programas que grabemos y habrá que sondear quién quiere dedicar tiempo y esfuerzo a lo que al final del día pide esfuerzo y tiempo (jugar, pensarlo y contarlo es, así todo junto, y sumando repeticiones, otra de esas cosas que hay que hacer porque no tienen la costumbre de hacerse solas). El primer programa lo haremos la de siempre, Mariela, Tomás y yo, pero según caminemos la idea es que encontremos esa compañía que tanto ansiamos.
En lo que respecta al Mapa Cuarto2, y para cerrar este anuncio, la lista de lo que queremos mochilear es lo siguiente, sin ningún orden específico:
Vamos a ir de visita y a quedarnos un rato en la Off-Peak City de Cosmo D, aprovechando que acaba de sacar un nuevo juego, Moves of the Diamond Hand, para hacer un monográfico que seguro que no adivinan quién de nosotras tres propuso, para nada quien más obsesionado está con las ciudades y los juegos.
Teníamos una entrada en nuestro Caótico Documento titulado Temas Posibles - Mochila de juego sobre “modos foto”, pero lo hemos ensanchado un poco más y estaremos durante un rato jugando a fotografiar por una selección de videojuegos sobre eso mismo, fotografiar en juegos.
Nos pararemos a monografiar también, por fin y como Dios manda, lo de Meg Jayanth, siguiendo la estela de sus participaciones en un buen puñado de videojuegos, así como atendiendo a su trabajo divulgativo, sus charlas siempre una estrella polar que guía cuando esto de los juegos se pone oscuro, casi negro.
Colorfiction, harta cuenta pendiente, también se viene a la mochila. Quizá una de las firmas más eclécticas e interesantes del paisaje contemporáneo, es decir, muy nuestra mierda. Lo difícil sería averiguar cómo es que todavía no le hemos podcasteado.
Queremos salir a pescar bucles. Principalmente temporales, pero quizá encontremos otro tipo, ya sabemos que nunca se sabe. El tiempo retorcido sobre sí mismo es uno de esos chisporroteos metafóricos que se abren a docenas de interpretaciones, así que habrá que hacer la crononáutica con el sombrero de la alegoría bien apretado, no vaya a ser que se nos vuele al primer (o al enésimo) bandazo.
Sacaremos el dispositivo móvil, que a veces lo dejamos demasiado de lado, y entre bacon, vacas y pétalos (un poco bucle aquí también, así que puedo entrever una conexión en el futuro lejano) dedicaremos nuestra tercera monografía a Phillip Stolenmayer.
Nos meteremos en un berenjenal clásico, aquí previsiblemente en un díptico, a favor y en contra de eso que llaman flow y que nosotras (yo, culpable, vale), rimbombantes, hemos englobado en la idea del sujeto fluyente. Los juegos no son solo fluir, aunque a veces sí, y otras no tanto. Jugar el flujo y su contrario. Y si hace falta, nos pegamos.
Y por hoy, esto es todo. Esperemos que les guste esta nueva aventura si se animan a acompañarnos. A nosotras nada nos haría mas ilusión que contar con ustedes para poder seguir haciendo lo que tanto nos gusta, jugar para contarlo.
Tomás y yo tenemos pendiente re-reunirnos para hacer un texto de la charla que dimos en la pasada Setmana del Videojoc. Nada grave ni complicado, un poco de pasar a limpio, ordenar y pulir un puñadito de retrospectivas atadas con un manifiesto, pero que por suerte o por desgracia es una de esas típicas cosas que no se hacen solas, y que la vida, como arrancaba este texto, se ha emperretado en que no tengamos oportunidad de hacerla. Algo pertinente en esta nota al pie porque allí, entonces, contamos cómo empezó todo esto de la Mochila, cómo nos sentimos respecto a su evolución y los motivos tras las decisiones que hemos tomado para lo que se nos avecina. En resumen: lo que estoy contando en este texto, pero con más calma y con menos regusto a son las 20:00 de un martes de trabajo y la neurona que me queda está muriendo en directo, frase a frase, ante todas nuestras miradas.
Vuelve a haber trampa aquí, así que me encuentro otra vez en obligación de confesarlo. Las temporadas en Mochila de juego son un poco constructo. La tercera sí que tiene una forma que podríamos etiquetar de esta manera, pero cualquiera que mire más atrás de lo que sea que dijimos que era el S03E01 verá que estamos impostando. Que, de hecho, no hay cuatro mapas, que solo existe uno anterior, pero qué más da. Me acuerdo de aquella película infame que se llamó Vivancos 3, subtítulo: (Si gusta hacemos las dos primeras). Pues por ahí podemos hacer que anden los tiros, algún día, si se tercia, hacemos los dos primeros mapas. Que no existen, pero no será por no inventarlos.


